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EL JUEGO Y LAS MATEMÁTICAS

“El juego y la belleza están en el origen de una gran parte de las matemáticas. Si los matemáticos de todos los tiempos se lo han pasado también jugando y contemplando su juego y su ciencia, ¿por qué no tratar de aprenderla y comunicarla a través del juego y de la belleza?”

Miguel de Guzmán

La concepción que tienen la mayoría de personas y en especial los estudiantes es que las matemáticas se estudian en el colegio y en el instituto de manera obligatoria. Es una materia rígida, fría, severa, que puede impartir una persona.

En la actualidad existen numerosas propuestas didácticas y publicaciones de innovación en las que se relacionan los juegos y matemáticas; las más difundidas y con repercusión en educación infantil son: Kamii (1985) y Kamii y Devries (1980). No obstante, como señaló Guzmán (2005), aun se dispone de insuficientes resultados empíricos en este tiempo.

Las matemáticas siempre han tenido un sentido lúdico. Muchas de las profundas reflexiones alrededor de los problemas matemáticos han estado teñidas de una motivación y un reto apasionante que produce placer y sensación de búsqueda y logro. Para Arquímedes, Euclides, Leibniz o Einstein las matemáticas tuvieron los trazos de una apasionante aventura del espíritu. Las matemáticas, al igual que están en todo lo que conocemos, se encuentran claramente dibujadas en los juegos y acertijos.

La condición del juego de repetir situaciones y de volverse a jugar, es decir de ser repetible, puede tornarse provechoso para la enseñanza en el escenario escolar. Ejemplo de esta afirmación son los juegos que permiten realizar cálculos y que dan oportunidad a que los alumnos adquieran repertorios memorizados. En las primeras jugadas, los alumnos- si se trata de números dígitos, por ejemplo- al principio utilizarán intermediarios para realizar conteos. Usarán los dedos, realizarán dibujos, o contarán con otros materiales tangibles, pero la práctica de jugar varias veces permite que el alumno incorpore estos pequeños cálculos que serán luego soporte de otros cálculos más complejos. Esto es posible ya que el juego se puede repetir en muchas instancias o con variaciones.

El juego es siempre repetible, por ello nos abre la posibilidad de atender a las distintas dimensiones de la diversidad: diversidad de juegos para un mismo objetivo de enseñanza, y diversidad de conocimientos de los estudiantes. Esta condición de repetible no la podemos utilizar en contextos cotidianos o disciplinares; sin duda una repetición conllevaría a los alumnos a afirmar a coro “eso ya lo hicimos”, evidenciando la pérdida de sentido de la actividad. “Mágicamente” esta protesta no se produce como consecuencia de reproducir un mismo juego.

Un buen ejemplo de estas afirmaciones son las actividades en las cuales los alumnos tienen que contar para realizar un cálculo. El recurrente conteo apelando al apoyo de materiales físicos o gráficos (rayas, dibujos), muchas veces impide a los alumnos desprenderse de esa práctica. La modificación de una regla de juego que bloquee estos procedimientos que se han vueltos rutinarios, puede permitir la incorporación de repertorios memorizados para realizar los cálculos.

En el colegio Leonìstico basados en la teoría del aprendizaje y en  busca de la relación del juego y las matemáticas se basa en experiencias de aprendizaje significativas, donde los estudiantes generen una construcción, transferencia y aplicación de los conocimientos de manera asertiva y perdurable.