Cali, 04 de febrero de 2015

 

Hoy es imposible para cualquier persona que viva en el mundo actual, desentenderse del problema de la innovación de las TIC, no solo porque está afectando la vida cotidiana de múltiples personas a lo largo y ancho del planeta, sino porque se hace fundamental en las construcciones de los nuevos poderes y las nuevas desigualdades entre personas, entre países y entre grupos humanos al interior de las regiones, haciendo de la innovación un asunto central a la constitución de la sociedad del siglo XXI en sus múltiples comprensiones a nivel de ciencia, tecnología, economía, sociedad, educación, medio ambiente, empresarial, organizativa.

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En la actualidad, la alfabetización tecnológica de las TIC es una condición necesaria para que se pueda acceder y conducirse inteligentemente a través de la cultura y tecnología digital (saber buscar la información, seleccionarla, elaborarla y difundirla desde cualquier medio). Es decir, estamos frente a un hecho social e histórico que está determinando los rumbos de muchas de nuestras actividades y profesiones, y sobre el cual hay que tener posición crítica y propositiva para encaminarlo, no al servicio de unos intereses limitados de la sociedad, sino para que sus posibilidades múltiples sean colocadas al servicio de la construcción de una sociedad más justa, equitativa y democrática, haciendo de la innovación de las TIC una posibilidad para colocarla al servicio de la transformación de nuestros contextos. Frente a esto aún está todo por construirse puesto que es un fenómeno vigente, dinámico e inacabado.

Así, la educación requiere de una actualización constante que este a la vanguardia de las nuevas tecnologías. Los niños de esta generación dominan perfectamente los avances que surgen a una gran velocidad y que se actualizan o mejoran constantemente. El papel de los agentes educadores no puede ser el de ir en contravía a este fenómeno, sino el de entrar en esta carrera a fin de comprender las dinámicas y las nuevas culturas que giran alrededor de estos avances.

 

YONNY SALINAS ZETTY

EQUIPO CIENCIAS SOCIALES

 

 

LA PAZ ES TAREA DE TODOS

 

Por: Julio César López Picón

Equipo de Ciencias Sociales

 

 

“La oscuridad no puede sacarnos de la oscuridad. Solo la luz puede hacerlo. El odio no puede sacarnos del odio. Solo el amor puede hacerlo”: Martin Luther King.

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La construcción ideal del proyecto de vida nacional de los colombianos, está permanentemente amenazada por la lamentable pérdida de valores que está haciendo carrera entre los habitantes, fomentando la intolerancia y derrumbando el sueño de la paz que nos asiste como derecho constitucional.

Aunque la búsqueda de la paz sea una tarea titánica, que algunos mandatarios de turno han intentado materializar, la paz ha sido tan esquiva que muchos colombianos son escépticos en su conquista.

Sin embargo, la esperanza de la anhelada paz está concentrada en los actuales diálogos de La Habana entre los representantes del gobierno y de las Farc EP. Pero no se puede olvidar a los otros actores del conflicto interno que, de una u otra manera, afectan sustancialmente la convivencia pacífica entre los hermanos colombianos. Qué saludable sería que los aires de paz comenzaran a respirarse en todos los rincones de la geografía nacional.

Si bien es cierto que el compromiso del Estado con la paz es mayúsculo, quizá es más cierto que somos nosotros mismos los principales gestores de paz. Que la paz empieza a construirse desde nuestros corazones cuando irradiamos nobles acciones de bondad, de amor al prójimo, de diálogo, de justicia, de respeto, de tolerancia, de solidaridad y sobre todo, cuando perdonamos a quienes nos ofenden, como reza el Padrenuestro, para encauzarnos  hacia la reconciliación, como la acción mágica que ha de garantizar el fortalecimiento de los hogares, de los grupos humanos y las naciones del mundo.

Así pues, la construcción de la paz es tarea de todos. En consecuencia, es indispensable fortalecer las competencias ciudadanas desde los hogares, para mantener viva la llama de la paz y dejar esta huella indeleble a las futuras generaciones, en las que la libertad y el orden sean su carta de presentación. Entonces, se debe hacer patria desde el corazón y ejercitar las competencias ciudadanas para la formación de ciudadanos íntegros, respetuosos de la diferencia, defensores del bien común, solidarios, participativos, seguros de sí mismos y con capacidad para proponer normas de sana convivencia. Desde esta óptica, las competencias ciudadanas se convierten en los pilares de la verdadera democracia y, por ende, en el vehículo portador de la paz.

La Constitución del 91, consagra que Colombia es un Estado social de derecho; pero, independientemente de los muchos cuestionamientos que se puedan hacer a este principio, es cierto que el Estado haciendo gala del ejercicio de su soberanía, debe llevar del papel a la realidad, la promoción, cumplimiento y respeto por los derechos humanos, como cimientos sólidos de la justicia social y de la convivencia pacífica y gloriosa entre los ciudadanos colombianos.

Hagamos la paz, digamos no a la intolerancia.

Hagamos la paz, digamos sí a los valores y principios ciudadanos.

“La paz es uno de los bienes más preciosos para las personas, para los pueblos y para los Estados”: Juan Pablo II.